La mayoría de las personas solamente aplica bloqueador solar cuando va a la playa y se expone directamente al sol. Sin embargo, la radiación ultravioleta emitida por el sol constituye el principal carcinógeno ambiental al que se expone el ser humano y genera un daño acumulativo.

Es decir, el sol daña la piel desde la primera vez que nos exponemos, y diariamente acumulamos un poco de daño solar.

Esto explica porque la piel del recién nacido es envidiable, lisa, libre de manchas y arrugas…porque prácticamente no tiene daño solar acumulado. En cambio, progresivamente conforme crecemos y envejecemos aparecen arrugas, manchas y potencialmente cáncer de piel en individuos susceptibles.

Lo que resulta más curioso es que tenemos arraigados hábitos de higiene y prevención en nuestra rutina diaria como el cepillado dental, pero la piel, el órgano más extenso del cuerpo humano, no estamos acostumbrados a cuidarlo. Imagine por un instante cómo tendría su dentadura si sus padres solamente le hubiesen inculcado cepillarse cuando iba de vacaciones.

Por ende, el uso del bloqueador solar debe ser un hábito de cuidado y prevención diario. Debe aplicarse en las zonas de piel no cubiertas por ropa (orejas, rostro, cuello, escote y manos), al menos, por la mañana y al medio día desde la infancia hasta la vejez.

Recuerde que el cáncer de piel es prevenible y la mejor intervención para disminuir su riesgo es el uso diario de bloqueador solar.